lunes, 9 de febrero de 2009

TIEMPO EN CONTRA

Estamos como siempre
sin palabras,
escondidas en vuelos de gaviotas
en el mudo limbo
que siempre recelamos
Nació la amistad
con nuestra edad
desde el primer momento
que dijimos la palabra
compañera
Aprendimos a contar, a cantar
a jugar y a estar juntas
queríamos vivir
a la orilla del río
con nuestros pies colgando
en las tempranas tardes
de recreo infinito
contábamos personas
pasando por tu puerta
y nuestros ojos buscaban
la cómplice mirada
que amontonaba risas,
con el ímpetu ingenuo
y el deseo insensato
de la niñez intacta
entendimos que así
era solo el vivir
pero el tiempo clavó
en tu piel y en la mía
los dardos del abismo
y no encontramos sitio
para guardar a salvo
memorias importantes
no fuimos exigentes
afianzando lazos...
de esta forma acabamos
una historia que estuvo
marcada desde siempre
dejándonos vencer
por el destello triste
de las grandes mentiras
concluyó sin final
nuestra ardua amistad
que no supo crecer
no pudo germinar
ahora pasa la vida
ausente
de un sentimiento
que permitimos morir
por las heridas del tiempo

7 comentarios:

Shikilla dijo...

Precioso poema a la amistad incipiente, cuando la inocencia y la despreocupación dan un brillo auténtico a la palabra amistad, disfrutarse y disfrutar.

Todo lo que al pasar el tiempo se desvirtúa, estanca o retrocede, convirtiendo a la amistad en otro producto con fecha de caducidad.

Me ha gustado mucho.

Saludos

Anuskirrum dijo...

La amistad verdadera no sabemos ni cuando ni con quien llega, pero es cierto que en la infancia, es nuestro mejor oxígeno.

Gracias Shikilla por pasarte por aqui.

Un abrazo

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Cómo admiro a quienes hacéis poesía con esa elegancia...

Las amistades de la infancia no se olvidan. Son verdaderos tesoros. Son nuestro refugio cuando no entendemos el mundo de los mayores. Lo que pasa es que no todos evolucionamos de la misma forma y, quien de niña era tu alma gemela, puede que de adulta no tenga mucho que ver contigo. Y eso va pasando a lo largo de la vida. Con quienes te encontrabas en sintonía antes de un cierto "despertar", pasan a ser conocidos, y son sustituidos por otros que van creciendo paralelamente a ti. Etapas, personas... la vida misma, que hay que vivirla viéndola pasar, mientras se disfruta de ella, pero sin apegos.

Aquí estamos tú y yo, Ana. Tantos años sin saber nada una de la otra y ahora conectando casi a diario desde el alma ;-)Me encanta.

Muacks, prima.

Anuskirrum dijo...

Como bien has dicho, prima, la vida, encuentros, despedidas, sorpresas y decepciones. Tantos matices, tantas cosas que contar.
La misma vida que nos da, nos quita. Aprender a manejar los hilos es lo que cuesta, pero ahí estamos.

Gracias por tu visita.
Un besazo

ABRAXAS CADIZ dijo...

Querida Ana,
es el más bello poema que he leído nunca sobre la amistad.
Sé que la infancia es pródiga en esta dádiva, porque nuestros corazones son todavía puros de por sí, como Adán Y Eva en el Paraíso.
¡Pero luego Dios los expulsó!
Igual que nos expulsa Dios en nuestra vida. Porque, habiendo comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, era preciso que no comiéramos del árbol de la vida, cuyo fruto nos haría inmortales, igual que ellos, los dioses.
Puso, recuerda, un querubín con espada de fuego para guardar la entrada del Paraíso.
Si queremos volver a entrar, hemos de luchar para conseguirlo, como hizo Jacob cuando se vio ante la escala por la que los ángeles subían y bajaban al cielo.
"Si no volvemos a nacer y volvemos a ser como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos", dijo el Maestro.
¿Recuerdas?

Anuskirrum dijo...

Cuanta razón tienes. Ese renacimiento que deberíamos emprender, pasa necesariamente por no olvidar que para seguir conquistando cumbres, tendríamos que tener siempre a mano ese niño que debemos llevar dentro. Así mantener ilusiones, capacidad de asombro, ingenuidad, inocencia...

Gracias por tus palabras, siempre aleccionadoras. Un abrazo

Anónimo dijo...

Delicado, con fuerza.
Con cariño, con ritmo.

Es, con mucho, Ana, uno de los mejores poemas que he leído en mucho tiempo.

( Dá igual quién sea yo, ya te lo diré más adelante ).