sábado, 3 de abril de 2010

ESTA JUNTO A NOSOTROS

La vida de mucha gente, no de toda, presenta en sus comienzos miles de argumentos que motivan la continuación a ciegas de la aventura que nos ofrece la existencia. Somos niños y dejamos a nuestros cuidadores la tarea responsable de que conviertan en algo ese pequeño mundo que nos parece divertido y lleno de curiosidades por descubrir.
Pasan los años, y en nuestra cabeza se van formando ideas, dejando a un lado para siempre, la actitud inevitable de recibida, obsequios ofrecidos libremente por parte de quien nos dio la vida y que la sensación dependiente de nacer, permitió que los acogiéramos con toda la gratitud del mundo. Nuestra mente y nuestro cuerpo empiezan a dar las señales de independencia necesarias que nos ayudaran a completar el proceso de crecimiento que la naturaleza tiene guardado para nosotros. Durante una época sufriremos cambios que someterán nuestra personalidad a grandes pruebas de estabilidad. La adolescencia prepara nuestras mentes para cambios trascendentes en nuestras ideas, los vínculos creados hasta ese momento con nuestro entorno, determinarán en gran medida la resolución que adoptemos para enfrentarnos a está nueva forma de relacionarnos, es decir, como individuo independiente. Hasta este momento, probablemente hayamos sido una preocupación importante al menos para una persona, quizás dos, a las que hemos visto esforzarse y preocuparse por todas aquellas cosas que podían afectar o trastornar nuestro pequeño mundo. De inmediato, nos veremos insertos en distintos grupos humanos que conformarán de forma decisiva la opinión del mundo que nos rodea. El ambiente familiar, el entorno social, o el mundo laboral, revierten en nosotros las múltiples opciones que se nos ofrecen y que antes o después nos veremos obligados a “elegir”. En esta parte del camino es donde comienza un nuevo mundo lleno de consecuencias. Nuestras decisiones deberán ser tomadas con toda la responsabilidad sobre los efectos causados por las mismas, porque en el caso de que la decisión sea equivocada seguramente tardaremos en descubrirlo, en aceptarlo, o en remediarlo. Y así iremos acertando o errando durante una vida, que nos colmará de experiencias que marcarán nuestra personalidad hasta el punto de definir nuestro espacio en la sociedad. Estas experiencias serán definitivas para conseguir o fracasar en la búsqueda de la armonía que permita estabilizar nuestro mundo interior. Pero a lo largo de este camino que es la vida, pocas personas o nadie nos hablaron jamás de la soledad. Quizás si, topamos con ella en alguna circunstancia especial de nuestras vidas, pero seguramente la vimos tan lejana que la olvidamos pronto. No hablo en ningún caso de ese tipo de soledad escogida y deseada que a veces todos hemos necesitado. Hablo de esa soledad que llega como un puñal a nuestras vidas, de esa soledad que siempre pensamos era enfermedad de los demás, esa que nos siguió de cerca, cuando tuvo pruebas de nuestra debilidad. La misma que hizo sentir el frío en nuestro cuerpo, cuando el calor del sol apuntaba a la espalda, esa que vació de esperanza nuestros ojos, cuando las fuerzas aún guardaban algún impulso vencedor. La que hace sentir a quien la alberga, el olvido de los suyos, de quien con él vivió y frecuentó. Esa que no admite la luz de una sonrisa porque el miedo le roba la humanidad. La misma que alguna vez rozó nuestra esperanza y pasó de largo disfrazando su visita de casualidad. Ese estado al que llegamos, después de encarnizada lucha por evitarlo, abrumados quizás por espejismos que lo hacían imposible, desconcertados al comprobar que encuentra sitio entre nosotros, con intención cruel y con esa increíble seguridad de que nos ha hecho suyos. Llega, cuando encuentra lo que busca, cuando ve que su alimento en nuestro cuerpo, se encuentra asegurado. Llega y destroza lo que toca, revienta la vida, las ilusiones, los misterios...que aún nos quedan por descubrir. Acostumbrados a relacionarnos con el mundo, una vez en su poder, nos sentimos víctimas impotentes, pequeños, ante una realidad que somete nuestro alma vistiéndole de fracaso. Fracaso... la palabra que nunca quisimos invitar a nuestras vidas, huyéndole como a la misma muerte, sin querer admitir que es inherente a nuestra naturaleza, aunque no definitivo, y que solo en su aceptación podemos abrir la puerta a una nueva lucha.

6 comentarios:

white shout! dijo...

Ana, mi invencible...
Está junto a nosotros,
pero no dentro,
porque no la invitamos,

aunque se cuele con rabia y furia a veces, como los HERALDOS NEGROS de César Vallejo.

Dentro están la gloria, la luz innata, la batalla aún no ganada, pero menos perdida, un nuevo día siempre, y las ganas...

Un beso.
Te llegó el abrazo, premio a tu poema?


Ayo: Life is real.
;)

Hilda Lazarazu: Hace frío ya...
por si te empeñas.
;)

(Me llamas cuando quieras, a la hora que sea, como sea.)

Shikilla dijo...

Tal vez siempre esté con nosotros, tal vez sea la más fiel compañera a lo largo de nuestra vida. Se descubre y asoma su nariz cuando menos lo esperamos y no podemos hacer otra cosa que acogerla.

Es temida, sin duda, cuando es impuesta, deseada cuando no se puede tener. Basta con darle un sitio y ampliar el espacio para que quepan otras muchas cosas más.

Supongo que también habrá quien la elija.

Un beso.

ABRAXAS CADIZ dijo...

La soledad... quizá la más fiel compañera de toda nuestra vida.
Nacemos solos, morimos solos, y... vivimos solos.
Quizá el espejismo es no ver que lo estamos, y la realidad es que lo estamos.
A veces, un compañero de camino... bienvenido y gracias.. pero... nuestra auténtica compañera es la soledad. Bueno... la soledad, nosotros mismos, y Dios.
Decía mi Maestro:
"Que nadie se sienta solo, que nadie se sienta pobre, porque nadie está solo ni es pobre llevando consigo a Dios".
El camino es solitario, pero, a veces, benditas veces, nos sentimos acompañados un buen rato con un caminante que transita nuestra senda. Y eso... es una bendición.
Un abrazo.

Anuskirrum dijo...

Mi amiga white shout¡ asi es, nunca la invitamos y se cuela con rabia y furia. Seguramente tengamos que hacernos amigos íntimos de ella, para que ya no pueda hacernos daño.

Gracias por pasarte, me acuerdo mucho de ti.

Anuskirrum dijo...

Querida Shikilla, también creo que quizás siempre esté con nosotros. Como tantas otras cosas en la vida, tenemos que acogerla, y aunque con esfuerzo, podemos tomar la alternativa de prepararnos para que la proxima vez, y si no nos pilla desprevenidos puede que sepamos tratarla como mejor dispongan las circunstancias.

Un abrazo guapa¡

Anuskirrum dijo...

Querido Miguel, siempre aprendo contigo. Si, la soledad pretende hacernos suyos, y la tememos en momentos de debilidad.
Cuando hemos tenido fortaleza para resistir su peor cara, sin duda creo que ha sido gracias a la presencia de Dios, que, algunos conscientes de ella y otros sin saberlo, hemos acogido su compañía como fuerza única y elemental, instalada en nuestra naturaleza para ayudarnos siempre.
Un abrazo