domingo, 25 de enero de 2009

CAMINAR POR LA VIDA

Siento que estoy andando un camino desconocido en mi vida. Siempre temía llegar a esa edad que dicen se alcanza la madurez, por el miedo a no estar a la altura de una palabra tan seria. Más tarde descubrí que cada cual tiene el poder de mover las agujas de su reloj.
Muchos instantes en mi juventud, los pasaba en casa junto a la ventana, mirando hacia el horizonte, como soñando un futuro. Escudriñando el sitio que el mundo guardaba para mí. En las noches de verano, traspasaba el cristal para salir a encontrar la luna en su gran misterio. Esperaba que su silencio invadiera mi alma de serenidad, e imaginaba recibir de ella algún secreto mensaje que descifrara mis incógnitas.
En algunos momentos no me resultó fácil encontrar mi espacio. Por entonces creía que las verdades eran absolutas, y mi radical visión de la vida, me daba seguridad, que por cierto, apestaba a artificio. Confié plenamente en las pistas que a veces el destino insinuaba, y como siempre, el tiempo me puso las cosas en su lugar.

En ese tiempo fue importante para mí viajar cerca del mar. Cuando mi revolución interior tocó a la puerta, deseaba sentirlo próximo a mí. Su “inmenso azul” alivió mi alma perdida en miles de soledades. Me alimenté durante días únicamente, del sonoro abrazo de sus aguas y deseé parecerme a las ninfas sin remos, para poder seguir los rastros de su enigma. Durante muchos días, traté de mimetizarme con sus aguas profundas y sus bastos perfiles. Estudié callada sus remansos, sus moderados bailes, sus impulsos transmutados en oleajes bravos. Comprendí este mundo reflejado en su horizonte. Su increíble extensión implicaba tanta vida…

Caminé por su orilla, cuando aún sonaban en mi mente los ecos de la revuelta. Como guardiana en el mirador de mis vigilias, aprendí de su sosiego. Pronuncié en su infinito las palabras imposibles que me aprisionaban. Y para orientar mis pasos, finalmente, revisé que mis consultas insondables, hubieran sido satisfechas por él.
Me siento agradecida con los cientos de soles nacidos y por nacer que alumbran mi caminar, con las perpetuas lunas que en silencio amainaron noches de arrebato, y con el generoso océano que acogió mi inquietud cual hermano protector, recomendando en mi vida otras orillas que aún me eran desconocidas.

4 comentarios:

ABRAXAS CADIZ dijo...

Buscates respuestas en el silencio de la inmensidad. Creo que acudiste al lugar que nunca defrauda.
Te toca ahora seguir sus consejos.
La mar nunca miente, tenlo en cuenta...

Castor dijo...

Océano, mar...inmensidad, horizonte,cielo extendido, mar de dudas y aún de compañía.
Es el lugar dónde definitivamente se dejan volar los soñadores y un punto de reencuentro con los idealistas...

Me llama poderosamente la atención eso de que recuerdes tu momentos en un época en que los impulsos muchas veces traiciona nuestra voluntad.

Es que seremos lo que queremos ser cuando la cuenta se vuelva regresiva?? uff!!! proyecciones que uno evita, que uno trata de vencer para hacerle el quite a la ofuscación.

Gran reflexión...
un abrazo fraterno

ABRAXAS CADIZ dijo...

He vuelto a leer tu relato tan íntimo y me he quedado fascinado por su inmensa belleza y por su cercanía. Tienes el valor y la generosidad de desnudar tu alma.
Gracias por todo ello.

Anuskirrum dijo...

Me alegro que te haya gustado amigo. Intenté plasmar las emociones que viví en momentos complicados de mi vida.
Confié en la paz que el mar podía
transmitirme, le pedí consejo, y no me falló.