martes, 6 de enero de 2009

HAMBRE DE HUMANIDAD

Año Nuevo 2009, ya estamos a 7 de enero, cooomo han costado este año las navidades¡ Sabiendo de tristezas en estos días, cuesta imaginar que algún día fueran alegres. La Navidad hace propicio el recuerdo de nuestra gente cercana, que por distintos motivos se encuentran lejos. Mantengo siempre una imagen en mi memoria, en el barrio donde viví junto a mis padres, las siete de la tarde del día de Nochebuena, cerca de una zona comercial, el frío en las manos mejorando la circulación de la sangre, la gente haciendo sus últimas compras y a cada momento la calle cada vez mas vacía, porque llegaba la hora de la Cena, de la Reunión Familiar, F-a-m-i-l-i-a-r-, (el calor de la familia) y en la calle ni un alma ya, porque todo el mundo parecía tener un lugar donde le esperaban a cenar.
Y en ese gran vacío que en el barrio se notaba, me invadía la soledad de quien sabe, que gente desconocida que, en esa noche, no tendrían un hogar, un cobijo, una reunión... alguien esperandole a cenar. Siento en estas fechas ese frío de la noche y sus calles vacías. Donde irán a parar las gentes que no tengan un hogar donde reposar, donde descanse el guerrero de la vida.... donde parar de repente el ritmo y quedarse a dormir, a pensar, a llorar, a reir... acompañado. El Niño que nació en esa noche, tenía una cuna en un pesebre, le sobraba el oro, la mirra e incluso el incienso. Pero no le sobraban dos personas que le querían en este mundo, y otras muchas que se preocupaban por él. Quien dice que cada uno de nosotros no somos ese Niño? quien dice que necesitamos regalos, mucha comida, ni pagas extras; ni sorpresas, ni medallas, ni oropeles. Algunas solo queremos un pesebre donde dar descanso a nuestro cuerpo, y alguien con quien hablar, alguien con quien compartir.... una llamada diciendo estás ahi? como estás, te encuentras bien?, que fácil parece. Tuve una amiga, llamada Raquel, su vida se truncó por la desgracia de la droga. Abandonada ya a su triste suerte, lleva años malviviendo donde la dejan. En las noches de invierno, pienso en ella. Donde estará su Navidad, donde esparcirá su alma para darla sosiego, que escenas pasarán por su cabeza al recordar que tiempo atrás fue una niña muy querida, una hermana intachable, una amiga fiel, y perdió todo para siempre. Días largos de dolor en el cuerpo, noches frías, oscuras, cubiertas de olvido. Miradas desconocidas que traspasan tu espalda, y un continuo rumor de pasos que trasladan cuerpos lentos. Memorias de abrazos cálidos, historias de otros futuros... no pensé nunca llegar aquí, mamá decía que de mayor sería enfermera, o secretaria, o abogada, cuando era eso? Esta Navidad vuelvo a pensar en tí. Donde estarás amiga, en que oscuro rincón has tenido que doblar tu cuerpo. Cuantas veces habrás llorado pensando en morir... ahora tienes hambre y gritas sangre, y ves a tu lado gente de color azul, que dice ser feliz entre un montón de objetos, que a ti te sobran porque dices que un televisor no te abriga, que un anillo de plata no te alimenta, ni un coche nuevo te da cariño.... y tu piensas, entre tantas luces, tanto ruido y tanta prisa, donde poder encontrar las caricias que perdiste, las palabras que olvidaste, donde esta tu Navidad...

4 comentarios:

ABRAXAS CADIZ dijo...

Querida Ana,
a pesar de lo duro que puede parecer lo que voy a decirte, a cada uno le compete su responsabilidad sobre su propia vida.
Podemos ayudar a otros a vivir y a encontrar su camino, pero lo que no nos es dado es vivir por otro.
Posiblemente tu amiga, y muchos otros, sufren la soledad, el abandono, el frío en el alma, el sinsentido de sus vidas, la amargura y la desesperación.
Más que posible, es cierto.
Pero de una cosa estoy convencido. Nunca podré hacer nada por nadie si no mantengo mi alegría, mi entusiasmo, mis ganas de vivir y mi esperanza en la vida.
¿Qué podría ofrecer si me pongo en la misma situación de personas como tu amiga? ¿Que pasaría si todos nos ponemos en la misma situación?
Creo que mi responsabilidad es ayudar a esta gente en todo lo que pueda, pero no poniéndome a su nivel, sino mostrándole el mío, por si quieren seguirlo. Si no quieren... debemos recordar que a cada ser humano se le ha dado libertad para hacer lo mejor con su vida. Finalmente solo soy responsable de qué es lo que hago con la mía. Si otros quieren vivir en el infierno, o no consiguen hacer otra cosa, no puedo evitarlo.
Si pierdo mi alegría ¿a quién podré alegrar? Si pierdo mi entusiasmo ¿a quién podré entusiasmar? Si pierdo mi esperanza ¿a quién podré transmitírsela?
Vive feliz y alegre contigo misma. Aunque parezca un misterio, es la mejor manera de ayudar a tu amiga, y también, a todos los demás que te rodean.
Un beso muy cariñoso desde Cádiz.

Anuskirrum dijo...

Así es Miguel, pero que difícil a veces es descubrir esos misterios de la vida. Efectivamente, en otras experiencias, me equivoqué al acercarme a la gente. Menos mal que pronto descubrí que es fundamental mi estabilidad para prestar cualquier ayuda. Es completamente razonable, como dices, porque no podemos dar nada que no tengamos ya. Y desde mi punto de vista, y mi manera de ver la vida, creo que las personas que estemos dispuestos a ayudar, debemos tener muy muy claro esta premisa, porque de lo contrario,en vez de aliviar un problema, lo duplicamos.

No sabes cuanto me ilusionas con tus palabras. Muchísimas gracias por pasarte por aquí, de corazón.

Un abrazo
Ana

Castor dijo...

Me has dejado muda con tus palabras...cuantas veces y a cuantas personas les llegaría al alma las palabras que nos regalas.
Y así es cómo pienso en que efectivamente cada uno de nosotros puede estar en abandono alguna vez, de hecho así lo creo...no es necesario estar en la calle sola sin un techo que abrigue, sino podemos ser huerfános en nuestro propio hogar.
Triste amenaza esa que nos hace la soledad y nuestras malas decisiones que son las que nos van alejando de todo lo real y lo importante.
Espero que la vida te regale una nueva Raquel que te haga sentir que hay esperanzas de ver las cosas desde otra vereda, o quizás ganar un segundo al lado de tu Raquél...un sólo nuevo abrazo, una sóla nueva palabra y un mar de lágrimas para sanar las heridas que ya están.

Anuskirrum dijo...

Desde luego Castor, estoy de acuerdo contigo en que la soledad nos puede pillar tambien bajo techo, e incluso ser mucho más dura, porque teniendo gente alrededor no cuentes con nadie que te comprenda, que te quiera o te acompañe como necesitas.
En la vida hay decisiones intrascendentes y otras que te dejan a merced de una fuerte corriente dificil de resistir.

Gracias por tu visita Castor, tus palabras son siempre amables y animosas.

Un saludo afectuoso